domingo, 31 de diciembre de 2017

Comenzar de cero: Una mirada acerca del otro invisible.





Dentro del oficio de enseñar surgen serias dudas, dado el contexto en que nos encontramos de escasa revisión de los planes y objetivos educativos, respecto de la posibilidad de cambio de paradigma en relación al trato con el otro, con el periférico –como diría Dussel- con el invisible o en el peor de los casos, la víctima. Este enorme grupo de personas a las cuales se les ha atropellado sistemáticamente sus derechos –en tanto los tuvieron alguna vez- , hoy ha sido visibilizado, en parte, por el acceso cada vez más simple –no siempre democrático- a la información, no obstante, surgen contradicciones peligrosas ya que los mismos medios que le dan espacio a los grupos desplazados, son los que amplifican una posverdad llena de odio que infunde rechazo por ignorancia.

domingo, 26 de febrero de 2017

Catarsis colectiva: Bitácora simple de lo que queda del Festival de Viña

El afán de esta entrada es meramente de registro. Cosas así son buenas sopesarlas cuando ya forman parte del pasado. Los extractos son fieles a las publicaciones en la redes sociales. Esto es lo que su humilde servidor logró entender de el Festival de Viña del Mar 2017.

sábado, 15 de octubre de 2016

Falacia de Dificultad: la empatía del esfuerzo

En la sección abandonada de "diseñe" su falacia y debido a tanto mal entendido respecto al esfuerzo supuesto y su relación con la calidad del acto, sugiero la FALACIA DE DIFICULTAD:
 
¿Algo es relevante solo porque cuesta mucho? No necesariamente.
 

lunes, 29 de agosto de 2016

Debatientes y oradores, dos caminos que se abren peligrosamente


Escueta pero necesaria reflexión acerca del valor y forma de la palabra en el ejercicio del debate.
Buenos debatientes, los mejores, con dudosas, escasas y hasta inexistentes capacidades oratorias. Este es el más claro indicio de que es tiempo de hacer un giro, si se quiere, hacia lo espontáneo. El orador es cada uno en su diferencia y no una imagen copiada de los sobrados manierismos del pasado.
Por eso suelen ser vencedores (me refiero a las gestas de debate) aquellos que estudian o se relacionan con profesiones que se constituyen en base a un lenguaje artificioso. No son personas las que hablan, son instructivos, son comunicados, formas normativas ¿Es eso lo que buscamos en un orador? ¿Es eso un orador? Porque de ser así premiamos una especie de orador universal -parafraseando y volteando un poco el concepto de Perelman para auditorio- y este sería tan inverosímil como ineficiente en la vida real ya que, no existiendo matices en su discurso –simplemente es EL discurso- la persuasión desaparecería dando lugar -y ya lo hace- a la coerción de la forma del poder que la legitima. Los charlatanes suelen manejarse en esta dirección ya que invaden la interacción con formas declaradas de buen uso e ilustradas y detrás de aquello la sustancia, léase el fondo, se hace prácticamente invisible.
Sin persuasión, el convencimiento se torna difícil y ajeno en una sociedad multiforme, por tanto tendría que ajustarse a un indicador fijo de calidad, una especie de ISO para el lenguaje hablado y desde allí, motivado necesariamente por el poder y la violencia que de este emana, declarar por primera vez lo verdadero, lo único, lo esencial de la comunicación.
El placer de la palabra quedaría atropellado por el hacer normado, cuestión que ya es parte de una lucha constante que tiene el lenguaje con el poder, pero que ahora vería su ‘golpe de gracia’ en expresiones supuestamente libres como el debate, ese que intenta impactar en lo social bebiendo de la ambrosía académica en sus formas más pretéritas.

Hablemos como personas. Los giros estilísticos profesionales son solo para llenar formularios y alinear procesos en ciertos ejercicios laborales. Puestos en escena son un espectáculo de fuegos artificiales solo para mentes sujetas a la verecundia y se convierten en legítimos para otros –iguales- que operen dentro de la misma norma internacional.

Allá afuera hay personas, no jueces, no funcionarios.

viernes, 29 de julio de 2016

Pensar es el ‘hacer’ más importante del periodista.




El caso que pone a Catalina Edwards, periodista de MEGA, fuera del ojo del huracán –ya que este es la zona más tranquila del fenómeno- es precisamente un mal que viene aquejando históricamente la profesión y se acentúa aún más con los ‘nuevos’ enfoques de docencia en la carrera. Las competencias destinadas a la reflexión y el pensamiento crítico, que debieran ser centrales en su preparación académica, son constantemente desplazadas en su importancia y hasta reemplazadas por conocimientos técnicos que no separan la actividad de lo que hace, de forma muy eficiente, un comunicador audiovisual/digital.
¿Cuál es el valor agregado del periodismo? O como suelo recalcar ¿Qué sabe hacer un periodista?

lunes, 5 de octubre de 2015

Cultura chilena, el día de la marmota y un problema semántico

Como tantos otros lugares comunes dentro de la agenda noticiosa acerca de un hecho habitual y por tanto previsible hasta el cansancio se manifiesta durante estos días el descalabro sanitario que resulta de la expresión artística masiva denominada 'Mil Tambores' en la ciudad de Valparaíso, patrimonio histórico de la humanidad.

Así como los citadinos en los fines de semana largo y primeros días de vacaciones colapsan los pórticos de salida y más tarde de acceso a la ciudad y en pleno invierno la 'Gran Avenida' ofrece un panorama similar a la Venecia clásica, podemos anticipar que si hay algo que nos define como país en tanto a 'crianza', origen de la palabra cultura, son entre otras cosas el constante desprecio por el otro y el miedo al cambio. Vamos por eso.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Libros, lecturas y falacias asociadas

Suele muchas veces confundirse - a veces convenientemente- el proceso de alguna acción con el resultado de esta.
La lectura, por ejemplo, es un proceso que puede, en el mejor de los casos, llevar a un tipo de conocimiento cualitativamente distinto, sin embargo, no es tan necesaria y menos suficiente en muchas circunstancias donde la búsqueda y el encuentro con el saber quedan supeditados al ejercicio crítico más que al simple placer de leer.